miércoles, 5 de agosto de 2009

Espejo infinito - Lautaro F. Bracco

Tomando como punto de referencia el carácter espacio-temporal infinito del Universo, podría comenzar haciendo varias conjeturas.
La palabra infinito, léase no finito, es casi tan amplia como el propio significado literal de la misma. Corresponde a una de los vocablos más abstractos e inimaginables que la mente humana pueda procesar. Existirían así infinitos segundos, infinitos espacios, infinitos mundos, personas, árboles, aristas, frutas.
Manteniendo este concepto, en cualquier punto de los infinitos del tiempo o espacio, existirán, y remarco el tono afirmativo, inmensurables posibilidades del todo. Tan así, que las entidades físicas espacio y tiempo, serían irrelevantes una de otra. En un mismo momento, todas las situaciones probables en la eternidad deberían estar sucediendo al unísono, en diferentes lugares. Concibiendo al tiempo como una sucesión de sucesos, de situaciones, éste perdería sentido. Y viceversa.
En algún lugar, en algún momento, debe existir una pared igual, si no la misma, a la que estoy mirando. Debe haber un ser frente a un ordenador, tipeando signos iguales en forma y distribución a los del presente escrito. Que haya sobrellevado la misma vida, con exactamente las mismas circunstancias que la mía, procreado de seres iguales a mis padres, con los mismos amigos y enemigos. Que creció en un país bien al sur de las Américas, que dice che y boludo, que toma coca y mira tv por cable.
Debe vivir en un mundo que hiede a mierda, con algunos ricos manipulando a varios pobres. Donde la imagen vale oro, la estirpe plata, y la bondad ni bronce. Donde se vetan muchas cosas sin sentido. Donde las células madres dividan parcialidades en vez de unificarlas. Donde ya todo da asco, demasiado asco.
Seguramente, el petróleo será la forma más redituable de contaminar al planeta. El hidrógeno un parásito indeseable para las grandes corporaciones energéticas.
Los bosques tercermundistas invisibles, incluso inexistentes. Los cuartos primermundistas hartos en muebles de algarrobo y tipa blanca. Y la culpa del calentamiento global será de todos por igual, por supuesto.
Al Pacino será Carlito Brigante y los Beatles nombrarán una tal Michelle.
La vida transcurrirá normalmente, con cierto dejo de felicidad para varios burgueses algo adinerados. Aviones tal cual gigantes palmípedas surcarán veloces y serenos los azules cielos para transportarlos a tiempo sentados y reclinados en sus mullidos asientos espumosos conectados en red con varios gigabytes.
Y mis dedos enredados en tu pelo; y la sangre llenando aurículas, ventrículos. O inundando pulmones, tráquea, hasta brotar ferozmente por la boca, por la nariz, por oídos, manos, dedos. Hoy en día da igual.
Y las bocas elípticas entreabiertas, cóncavas y convexas, al igual que las venas, y los ojos que ya no ven, ni siquiera lo que quieren ver.

Lautaro F. Bracco

Rostro de vos - Mario Benedetti

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

Mario Benedetti

Historia de astronautas y paleontólogos, y una Fuerza Superior - Lautaroi F. Bracco

El cielo no era más que un techo coloreado,
lleno de misterios.
Debajo, árido, inerte, el suelo.

Astronautas y oxidados paleontólogos
se disputaban la última palabra.
Una de las tantas Fuerzas Creadoras,
sóla y magestuosa se reía de ellos.

Cuando sólo quedaba una estrella por ser descubierta,
y el último requecho de osamenta añeja a ser desentarrada,
astronautas y paleontólogos se quisieron reir de la Fuerza,
y ésta con un rayo eléctrico, lumínico y poderoso,
rióse de ellos al fin.

Cuentan que otros seres mas idiotas que ellos,
quisieron milenios más tarde desenterrar sus restos.
Pero eran más idiotas, y por ende más buenos.
La Fuerza dejó caer una lágrima de compasión,
que los ahogó en un mar de dudas y misterios.

Nunca más se supo de ellos.

Lautaro F. Bracco

Para leer en forma interrogativa - Julio Cortázar


Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amàs
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caìda la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazòn
habìa que tirarlos
habìa que llorarlos
habìa que inventarlos otra vez.

Julio Cortázar

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